Cada enero hacemos promesas gigantes: entrenar todos los días, comer perfecto, no fallar jamás. Spoiler: nadie vive así. Y por eso muchos hábitos se caen en febrero.
Este año decidí hacerlo distinto. Decidí construir hábitos que sí pudiera sostener, hábitos que se sintieran bien y no como una obligación eterna.
Lo primero que aprendí es que un hábito saludable no tiene que ser extremo para ser efectivo. Tiene que ser constante. Y eso me lo enseñó Figurella: pequeños cambios repetidos todos los días crean grandes transformaciones.
Por ejemplo:
- Moverme aunque sea 30 minutos
- Comer mejor la mayoría del tiempo, no perfecto
- Tomar más agua
- Dormir mejor
- Darme espacios de bienestar
En lugar de preguntarme “¿qué tengo que quitar?”, empecé a preguntarme “¿qué puedo sumar?”.
Sumar movimiento. Sumar acompañamiento. Sumar conciencia.

Y algo clave: cuando tienes un espacio donde te recuerdan por qué empezaste, es mucho más fácil continuar. En Figurella no solo entrenas, aprendes a escuchar tu cuerpo, a respetarlo y a crear una relación sana con él.
Muchas dominicanas buscan “cómo mantener hábitos saludables” porque no quieren volver a fallar. Y la verdad es que no se trata de fuerza de voluntad, se trata de tener el entorno correcto.
Un hábito no se mantiene porque seas perfecta, se mantiene porque se adapta a tu vida. Y cuando logras eso, el bienestar deja de ser una meta lejana y se convierte en tu estilo de vida.



